En Collvert pretendemos precisamente eso: ayudar a los padres a educar a sus hijos, en un clima abierto y basado en la confianza mutua. Nos parece esencial enseñar a la gente a superar por sí mismos todas las dificultades. Además, es ahí donde se fragua la madurez de cada uno. Por eso, por muchos socios que tenga Collvert, nunca queremos que sean un número. Nos interesa cada uno, con su peculiar manera de ser, con sus circunstancias familiares y académicas, con sus ilusiones y sus grandes o pequeños problemas.
Complementando la tarea educativa que corresponde a los padres, el preceptor es la persona del club que orienta en los estudios, estimula para lograr nuevas metas, exige y anima con cariño y fortaleza, le enseña a mirar a su alrededor. La experiencia nos lo dice a gritos: el socio de Collvert sabe que se le toma en serio. Y sin fórmulas mágicas van germinando en cada chico ese cúmulo de virtudes tan necesarios para forjar su educación: la sinceridad, el optimismo, la amistad, el espíritu deportivo, el amor a la libertad, la responsabilidad, el trabajo bien hecho.